
Siempre es un placer charlar con expertos para conocer de primera mano su experiencia con la tecnología que utilizan en su práctica clínica. En este caso la oculoplástica y especialista de la mirada en Miranza Clínica Pérez Silguero nos ha contado su día a día con AcuPulse Láser CO2.
1- ¿Cómo y cuándo comenzó a trabajar con la novedosa tecnología de Lumenis?
Comencé a utilizar el láser de CO2 en una etapa temprana de mi trayectoria profesional, incluso antes de completar mi formación como cirujana oculoplástica. En aquel momento, tenía cierto respeto hacia esta tecnología debido al desconocimiento de su funcionamiento y a la potencia de sus efectos, lo que me llevó a introducir su uso de forma progresiva y prudente.
Posteriormente, en 2019, realicé mi formación como cirujana oculoplástica en IMO, en Barcelona, donde tuve la oportunidad de trabajar de manera más estrecha con este mismo láser, utilizado de forma habitual por mis formadores. Esta etapa fue clave para comprender en profundidad sus aplicaciones clínicas y beneficios. Tras finalizar mi formación y reincorporarme a mi práctica en Gran Canaria, en Clínica Miranza, solicité la incorporación del láser AcuPulse, convencida de su valor añadido tras la experiencia adquirida durante mi fellowship.
2- ¿Qué es lo que más valora de esta tecnología como experta? 3 puntos a destacar
Según mi experiencia, existen tres aspectos fundamentales que considero especialmente valiosos en el uso de esta tecnología. En primer lugar, destacaría la reducción significativa del tiempo quirúrgico. La diferencia en la duración de los procedimientos es notable, siendo las cirugías asistidas con láser más ágiles y eficientes. Algo que compruebo en mi práctica actual, trabajo también en otro centro donde no dispongo de láser de CO2 lo que me permite comparar de forma directa ambos abordajes.
En segundo lugar, subrayaría la mejor visualización del campo quirúrgico, gracias a la disminución del sangrado. El láser permite realizar el corte al mismo tiempo que coagula los pequeños vasos sanguíneos, lo que se traduce en un campo mucho más limpio y en una mayor precisión durante la intervención.
Por último, considero especialmente relevante el resultado cicatricial. En procedimientos como la blefaroplastia, he observado que las cicatrices realizadas con láser de CO2 tienden a ser menos visibles y a presentar una mejor evolución estética a medio y largo plazo en comparación con las técnicas convencionales. A todo ello se suma la comodidad y precisión que ofrece el láser en manos experimentadas.
3- ¿Qué tratamientos son los que más realiza y qué grado de satisfacción tienen los pacientes?
En mi práctica clínica, el láser CO2 lo utilizo principalmente en el ámbito quirúrgico, especialmente en procedimientos como la blefaroplastia superior e inferior. Su aplicación resulta especialmente útil en el tratamiento de pequeños sangrados, de las bolsas grasas y en la reafirmación de los tejidos durante la intervención. Asimismo, lo empleo en técnicas de resurfacing cutáneo con el objetivo de mejorar la calidad de la piel y potenciar su efecto de retracción.
En cuanto al grado de satisfacción, es elevado en el contexto quirúrgico. Gracias a la acción simultánea de corte y coagulación del láser, se observa una disminución significativa del sangrado intraoperatorio y de la aparición de hematomas en el postoperatorio. Esto se traduce en una recuperación más rápida y en una percepción muy positiva por parte de los pacientes. Por ejemplo, en la revisión del día siguiente de la cirugía, suelen mostrar un alto grado de satisfacción al comprobar que la evolución es mejor de lo esperado. El hecho de poder apreciar resultados desde fases muy precoces contribuye de forma importante a esta satisfacción global.
En relación con los tratamientos de resurfacing con láser CO2, los resultados son buenos en términos de calidad cutánea y rejuvenecimiento. No obstante, el grado de satisfacción puede ser más variable, ya que estos procedimientos no alcanzan los mismos resultados que una intervención quirúrgica en términos de eliminación de exceso cutáneo. Por este motivo, no considero el resurfacing como una alternativa a la blefaroplastia de párpados superiores. Además, el postoperatorio puede asociarse a efectos transitorios como eritema algo prolongado o, en algunos casos, hiperpigmentación postinflamatoria, lo que puede influir en la percepción del resultado en fases tempranas. Por ello, es fundamental realizar una adecuada selección de pacientes y establecer expectativas realistas.
4- ¿Hay algún aspecto que echa en falta o cree que se puede mejorar?
Desde el punto de vista de mejora tecnológica, sería ideal que los sistemas de láser CO2 pudieran integrar de forma más eficaz efectos complementarios sobre la piel. En concreto, resultaría especialmente interesante que, además de promover la colagenización y el rejuvenecimiento cutáneo, ofrecieran también una acción dirigida sobre el componente vascular y/o pigmento cutáneo, lo que permitiría reducir efectos secundarios y favorecer una recuperación más rápida.
5- Según su opinión, ¿cuáles son los próximos retos en este tipo de tratamientos? ¿qué demanda el mercado actual?
Considero importante avanzar en la predictibilidad de la respuesta cutánea, ya que sigue existiendo variabilidad entre pacientes. Desde una perspectiva más innovadora, considero que el futuro pasa por la integración de sistemas de análisis cutáneo avanzado en dispositivos como AcuPulse. Idealmente, estos sistemas podrían incorporar escáneres capaces de evaluar parámetros como el grado de fotoenvejecimiento, el fototipo, la pigmentación y el componente vascular de la piel.
A partir de este análisis, el propio dispositivo podría sugerir parámetros de tratamiento personalizados, generar simulaciones realistas de resultados y predecir tanto el tiempo de recuperación como el riesgo de posibles efectos adversos. Este enfoque permitiría avanzar hacia una medicina más personalizada, mejorar la comunicación con el paciente y facilitar la toma de decisiones compartida.